Ricardo Cuenca conversando con laprensa.com.pe

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Por José Miguel Silva (@jomisilvamerino)

¿A qué peruanos benefició este programa de la Fundación Ford y bajo qué condiciones se les eligió?
Este es un proyecto de becas dirigidos a profesionales excluidos que se realizó entre los años 2000 y 2010. Se llevó en más de 100 países en el mundo. En Perú se becó a poco más de 200 personas. La idea era darle educación de posgrado a profesionales de zonas excluidas. ¿Cómo podías argumentar tu exclusión? Por pobreza, por etnicidad, por cuestiones políticas, religiosas, sexuales. Un detalle aquí fue que alrededor del 95% de los beneficiados regresaron al país y ahora trabajan en sus propias regiones, en el Estado y otros finalmente en ONG.

Tenemos un modelo económico que exige masificar la educación superior. ¿Esto ha perjudicado o beneficiado la calidad de educación que se brinda?
Esa es la gran discusión. De un lado, algunos creen que la expansión universitaria, en cualquier caso, ha favorecido la democratización y ahora no está más únicamente a favor de las élites. Pero del otro lado, algunos creen que esto ha generado una pérdida de calidad. La idea de calidad se ha extendido de tal forma que hasta se ha dicho que se han perdido los llamados tres factores fundamentales de la universidad moderna: la investigación, el conocimiento y la extensión social hacia la comunidad. Es decir, preparas gente para que rápidamente pueda salir a trabajar. Esta masificación tiene estos dos polos, en medio de estos dos es que se mueve la educación superior peruana. Así como hay personas que se han beneficiado con esta expansión, hay otros que a la hora de egresar saben que han salido de una universidad sin calidad o prestigio, por lo tanto, no tendrán un buen empleo. Hay una especie de trampa. Sin embargo, a pesar de todo siempre es una apuesta interesante.

¿Qué tanto ha influido la educación superior en la movilidad social que ha sufrido el país en los últimos años?
En principio, la educación ha ayudado a la movilidad social cuando se piensa de manera intergeneracional. Inclusive para este grupo de personas excluidas (los becarios) la situación que tienen ahora con respecto a la de sus padres es mejor. La mayoría de sus padres no tenía niveles de instrucción. Ahora te das cuenta que sí hay una movilidad social vertical e intergeneracional. Sin embargo, si uno mira la movilidad social como el lugar donde te mueves ‘contigo mismo’, este salto es menor. Es decir, el país está tan estratificado que si tú has estudiado, no quiere decir que vayas a subir de nivel socioeconómico. Puedes mejorar tus ingresos, pero te vas a mover dentro de ese rango. Hay profesionales que son menos pobres de los que eran antes, pero finalmente siguen siéndolo. No necesariamente la educación (con la idea vieja) garantiza ascender en la escala social.

Uno podría pensar que cuando un becario recibe una oportunidad de estudiar en el exterior podría decidir quedarse y no volver más al país. Sin embargo, hay una alta tasa de retorno al Perú en la beca Ford ¿Por qué crees que ocurrió?
En este programa de becas hay algo muy interesante: la forma en que los seleccionaron. Buscaron tres requisitos: ser excluidos, tener un potencial académico y finalmente un alto compromiso comunitario. La mayoría viene de zonas rurales. Yo creo que en la fórmula de estos tres elementos está el éxito de que finalmente regresen.

Otra parte que menciona el libro que editaste habla de que si bien su nuevo grado les da un estatus diferente a los becarios, muchos continúan teniendo problemas para salir de la exclusión. ¿Por qué ocurre esto?
La educación es un elemento potente de inclusión, pero no es el único. La desigualdad en el Perú es más compleja, implica no solo problemas de distribución, sino también de reconocimiento. Efectivamente, les cuesta encontrar buenos empleos. La idea de meritocracia como una cuestión automática de quien se esfuerza y estudia, no lo es tanto así. Hay elementos culturales que no se toman en cuenta y que finalmente hacen complicada la inserción en el mercado laboral.

En uno de los ensayos del libro hablan de la interculturalización de la educación. El llevar la cultura de afuera hacia adentro. ¿Estás de acuerdo con esta propuesta?
Parcialmente estoy de acuerdo. Si yo creo que el culturalmente distinto a mí es diferente pero tiene valor y es un interlocutor válido, el asunto va a mejorar como sociedad. La interculturalización de la educación superior es una forma de aportar a eso. En América Latina hay procesos en ese sentido. Hay universidades que son dirigidas únicamente por organizaciones indígenas, hasta aquellas universidades que tienen cupos para permitir el ingreso de personas indígenas. En estos dos extremos, se busca colocar en el medio la idea de una educación que valore las diferencias culturales. Entre estas diferencias está por supuesto el conocimiento, la manera cómo aprendo, en cómo construyo el conocimiento no es única. Hay valores ancestrales que podrían aportar a la universidad. Hay una discusión interesante sobre cuánto homogénea o diversa debería ser la educación superior.

Otro de los ensayos muestra los testimonios de los estudiantes, sus propias opiniones sobre el manejo de las universidades. Hay, además, una propuesta para modificar la Asamblea Nacional de Rectores. En este sentido, ¿cuánta voz y voto tienen los estudiantes peruanos en el manejo de la educación superior?
Yo creo que participan en los aspectos formales del manejo de la universidad. El asunto es ver si esto es suficiente. ¿Es posible tener una voz de decisión de los contenidos universitarios? Esto lo quisiera poner en un proceso mayor de discusión que está teniendo el país en torno a la nueva legislación de la educación superior. He escuchado al congresista Daniel Mora decir que están abocados en trabajar una nueva legislación para la educación superior. El Consejo Nacional de Educación ha presentado una propuesta para tratar de acortar las brechas entre la educación técnica y la universitaria. Creo que va a empezar una discusión interesante. A esto se suma que el Ejecutivo planea crear el viceministerio de Educación Superior. Habría un viceministerio de Educación Básica y uno de Educación Superior.

En el libro se mencionan varias veces las palabras racismo, discriminación, diferencias, autoestima. ¿Por qué aún no podemos desligar la educación peruana con estos términos?
Porque la educación peruana y sobre todo la superior tiene aún una deuda pendiente con tratar de atender las diferencias. Aun tras la masificación existente, quienes llegan a la educación superior terminan siendo un grupo selecto. Y aquellos que gracias a diversos programas ingresan, pues deben luchar mucho contra un aparato que está muy construido o muy armado. Sobre todo cuando se trata de jóvenes indígenas que dejan sus comunidades y entran a las universidades y que tratan de moverse en un sistema que desconocen. Yo creo que la educación sigue siendo un espacio en donde aún hay formas de discriminación.

El gran reto no es tanto que los becarios salgan de la pobreza en sí, sino que ayuden a su comunidad a salir de ella, ¿no?
En estas situaciones de exclusión, el que una sola persona tenga acceso a la educación es tan potente que dinamiza la vida de las familias, de las comunidades. En un caso, un muchacho estaba haciendo un doctorado gracias a una beca y él mismo decía: ‘Mi hermano, hermana, primo y sobrinos están aprovechando mi doctorado’. Para empezar hay libros en su casa. Además del beneficio personal, hay uno familiar y comunitario que es muy potente y debemos tomarlo en cuenta. Es un beneficio extra de haber educado a alguien, que dinamiza influye e impacta en la vida familiar y comunitaria.